El tema de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) preocupa gravemente y cada vez con mayor intensidad a la sociedad actual.

La última actualización del Manual Diagnóstico Estadístico, el DSM-V (American Phsycological Association 2013), establece como trastornos del comportamiento alimentario (TCA) los que se especifican a continuación:

Anorexia es un término cuyo significado literal es “falta de apetito” y que se usa en el ámbito médico para designar un síntoma de otros trastornos o enfermedades. Pero cuando añadimos a dicho término el concepto “nerviosa”, el significado cambia radicalmente; en el primer caso, la falta de apetito es una respuesta fisiológica de nuestro cuerpo, en el segundo también es una respuesta, pero no fisiológica, sino plenamente consciente, en la que esta falta de apetito es voluntaria, es decir, el sujeto restringe su comida o la elimina con conductas de purga cuyo objetivo es conseguir un peso considerado “ideal” para él.  Sin entrar en mayores consideraciones, ese peso suele estar muy por debajo de lo que se considera saludable y necesario para llevar adelante el día a día. Además, la reducción de peso nunca es suficiente y siempre va a querer bajar más y más peso sin ningún tipo de control y llevando a cabo todo tipo de barbaridades en lo que a comida y ejercicio físico se refiere.

Dentro de la anorexia nerviosa podemos distinguir dos tipos:

  • Tipo restrictivo: en este caso la pérdida de peso es debida sobre todo a la dieta, el ayuno y/o el ejercicio físico
  • Tipo con atracones y purgas: en este caso existe una restricción de la comida con episodios de ingestas compulsivas acompañados de vómitos y uso de laxantes, diuréticos y fármacos para controlarlos.

El término bulimia significa “hambre desmesurada” y él mismo ya expresa una de las características más evidentes del trastorno, el consumo de grandes cantidades de comida en un periodo limitado, breve, de tiempo.

La bulimia nerviosa impulsa a la persona a comer de una manera descontrolada, pero no siempre se va a seguir el mismo patrón, habrá momentos en el que ese comer sí sea por hambre real, y otros, en los que el comer sea emocional, en los que la comida se convierta en un “anestesiante” y “solucionador” de los problemas que se padecen. Estos episodios se verán acompañados continuamente de conductas compensatorias (vómitos, laxantes, diuréticos, reducción absoluta de la ingesta…), que ayuden al paciente a anular ese exceso.

La persona ingiere grandes cantidades de comida en un periodo limitado de tiempo. Esto podría asemejarse a la bulimia nerviosa, con la única diferencia de que en el trastorno por atracón no hay ningún tipo de conducta compensatoria.

Son generalmente cuadros diagnósticos incompletos de anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. Los más relevantes son los siguientes:

  • Vigorexia: obsesión por tener un cuerpo musculoso.
  • Ortorexia: obsesionarse de manera exagerada por comer sano, convirtiéndose en un problema serio.
  • Ebriorexia o Drunkorexia: utilizar controles extremos de pérdida de peso para compensar el exceso de calorías ingeridas proveniente de la ingesta de alcohol.
  • Potomanía: tomar líquido de forma compulsiva.
  • Sadorexia: provocarse dolor para autocastigarse por haber comido algo prohibido.
  • Diabulimia: reducir la dosis de insulina con el objetivo de perder peso.

Somos muchas las personas que, de una y otra manera y en mayor o menor medida, nos vemos incluidas en esa “burbuja” aún bastante desconocida y muy ignorada de los TCA.

A simple vista, parecen trastornos que podrían atribuirse a personas superficiales, con un ego alto, en las que el físico es lo único a tener en cuenta, pero no es así.

La sociedad y el sentirnos juzgados continuamente por nuestro aspecto exterior, nos hacen pensar y ver las cosas de esta manera, pero en realidad son individuos con una autoestima muy baja y para los que la opinión social se convierte en algo primordial. Por lo general viven en un estado de ansiedad continuo por ser aceptados, algo que se refleja en la comida, en el miedo a engordar, en la no aceptación de su estado físico,… convirtiendo al TCA en el síntoma del problema, no en el problema en sí mismo, un síntoma que se trasforma en una manera de pedir ayuda y de reclamar atención, en un grito mudo que busca ese apoyo que les falta.

En muchos casos los trastornos alimentarios son para estas personas la única manera de comunicarse con el resto del mundo.

Este tipo de trastornos tienen un denominador común, esto es, control absoluto de la ingesta, aunque nunca se debe generalizar, ya que cada caso es individual y presenta características propias.

Aunque los problemas relacionados con la ingestión de alimentos son considerados una epidemia del siglo XXI, está claro que la conducta alimentaria ha sido un aspecto importante en la vida del ser humano en todas las culturas y a lo largo de distintas etapas históricas. Pero la causa del acto de controlar la ingesta de alimento, bien sea restringiéndolo, bien sea excediéndose, ha variado notablemente con el paso del tiempo a medida que la sociedad ha ido evolucionando, convirtiéndose en la actualidad en un mero hecho estético.

Pero de verdad ¿es algo tan simple? ¿La razón puede ser tan banal?
¿Es exclusivamente la estética impuesta por la sociedad actual la que nos lleva a comer más o menos?

EVIDENTEMENTE NO.

No se sabe aún a ciencia cierta cuál es la causa o la razón por la que se padece un TCA. La comorbilidad con otros trastornos psíquicos y físicos, los problemas sociales, familiares y de relación, y la influencia de los mensajes dirigidos a la infancia y a la adolescencia, se sitúan entre los posibles desencadenantes, aisladamente o asociados entre sí, de un TCA. Estos factores que participan en el origen y desarrollo de estos trastornos se han agrupado en dos categorías:

  • Factores predisponentes – son aquellos que contribuyen a que la persona sea vulnerable a la hora de padecer un TCA. Y es tal el “bombardeo” continuo que desde los ámbitos, familiar, escolar, entorno social, medios de comunicación,…nos acribilla diariamente, que muchas personas se ven incapaces de gestionarlo y esquivarlo.

  • Factores desencadenantes o precipitantes – son aquellas situaciones particulares de estrés que inducen a la aparición del trastorno en un momento dado de la vida de una persona especialmente vulnerable.

A las dos categorías anteriores habría que añadir una tercera, conocida con el nombre de factores perpetuantes o de mantenimiento, aquellos que interfieren en el proceso de curación de un trastorno ya iniciado, y prolongan su duración.

Para tener una idea más clara de todo este proceso etiológico, lo vemos resumido en la siguiente figura (Garner 1993):

Consulta Presencial

Se realizan en consulta privada en Las Arenas

  • Se llevará a cabo una primera sesión, en la que mediante una entrevista conoceré todos tus hábitos alimentarios, historia clínica,… 
  • Posteriormente se realizarán las sesiones que sean necesarias según el plan de objetivos a alcanzar y mantener.
  • Se mantendrá un contacto mediante correo electrónico o móvil.

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